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"Mordiscos", por Stateus

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"Mordiscos", por Stateus

Mensaje  Stateus el Lun Mayo 12, 2008 9:22 pm

"La musa es una sola musa o es una serpiente de muchas cabezas,
los buscadores de promesas la tientan con cerveza,
si se va puede volver el día menos pensado
para darle su consuelo al poeta mal hablado..."

Bueno, voy a ir subiendo aquí (a medida que la escriba) la continuación de ese "capítulo piloto" que presenté al certamen de relatos cortos. Os agradezco comentarios y sugerencias (mejor por pm, o en Expresión Libre, dejando este hilo sólo para la historia). Gracias por leer Wink


Última edición por Stateus el Lun Mayo 12, 2008 9:33 pm, editado 2 veces
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Capítulo 1: Huyendo

Mensaje  Stateus el Lun Mayo 12, 2008 9:26 pm

Llega a la estación. Huyendo. Pero no es ese tipo de huída propio de una película de suspense, o de un ladrón de joyerías. Llega huyendo, pero con paso tranquilo… incluso se detiene en el camino desde el taxi al andén para comprar una revista de crucigramas.

Ya ha anochecido en Salamanca cuando el tren se marcha traqueteando y se pierden, a lo lejos, las luces amarillas de la ciudad. En el vetusto vagón, el viajero alcanza su compartimiento y descubre, con una mezcla de sorpresa y disgusto, que se encuentra completo, pues la familia que lo ocupa ha tomado su asiento como portamaletas y reposapiés. "¡Mierda!" piensa, para sí, mas las palabras que acaba pronunciando son "Bueno…da igual, estaré bien en el pasillo".

Se aposta con su maleta junto al servicio, en el espacio entre vagones, junto a otros dos tipos. Puede que ellos también estén huyendo. De la rutina, o quizá de una familia demasiado estricta, de una novia celosa, de un trabajo estresante, de una deuda con la mafia… quién sabe.
El viajero no huye de ninguna de esas cosas. Viste traje oscuro y lleva puesto un reloj de pulsera. A la mitad del tercer crucigrama, se aburre de la revista y la guarda en su maleta. Es una maleta pequeña, del tipo que alguien se llevaría a una excursión de fin de semana.

Lo primero que se encuentra el viajero al llegar a Oporto es con el puente Luís I, una estructura de hierro en apariencia frágil, que se eleva hasta 44 metros sobre el Duero.
"En Oporto parece como si el tiempo pasase más lento", piensa, mientras se lleva a los labios una copa de vino de oporto en la librería Lello e Irmao. La escalera se bifurca entre estanterías repletas de libros. A través de las vidrieras se intuye la silueta de la torre de los Clérigos.

-Aquí tiene la llave y su recibo, sr. Lopes, bienvenido. Espero que disfrute su estancia en la ciudad.

La recepcionista del albergue es la primera persona a la que ve sonreír desde que comenzó su viaje. Y a él le ha hecho sonreír también la forma en la que ella ha pronunciado su apellido. Deja su maleta y sale a dar un paseo. En la puerta, sentadas en un banco, dos chicas jóvenes hilan pulseras.

Tras una cena frugal y un par de cervezas, regresa tranquilamente dando un paseo a la orilla del río. La niebla, atravesada por el faro de un solitario pesquero, oculta su desembocadura en el océano. El albergue está cerrado y en silencio a su llegada. Al sonido del timbre de la puerta contesta la recepcionista, que se acerca a abrirle.
-Buenas noches, Sr. Lopes… ¿disfrutando del ambiente nocturno de nuestra ciudad?
-Así es… y de la luna llena -, dijo, señalando hacia el cielo.
-Es verdad, se ve preciosa…
-¿Está "de guardia"?
-Oh, no… es sólo que no conseguía dormir.
-Dicen que, en estos casos, lo mejor es un buen masaje…


-------------------------------------------------------------------------------------------------------

-La policía portuguesa ya ha tomado declaración al jardinero que encontró el cadáver de la recepcionista. Creían que había sido atacada por un perro de gran tamaño… pero las pruebas forenses han determinado que las marcas pertenecen a una dentadura humana y…
-Déjeme adivinar… concuerdan con las que las que hallamos en aquella chica de Salamanca, ¿no es así?
-Sí, exacto, ¿puedo continuar?
Esteban sonrío.
-Por supuesto, adelante.
-Estiman que la chica fue asesinada en la madrugada del viernes al sábado…
-Otra vez luna llena… tenemos un patrón…
-Gracias, Martínez, es lo que iba a decir ahora mismo, si no fuera por esa manía suya de interrumpirme.
-Disculpe, inspectora. Pero estaba pensando que cuadra perfectamente con la teoría de Esteban de que quizá…
-¡Oh, vamos, por favor! ¿Otra vez con eso? No existen los hombres-lobo.
Esteban intervino:
– La licantropía es una enfermedad mental real, si se trata de un paciente que dejó de tomar su medicación podemos rastrear…
-O también puede ser un chalado que ha leído demasiadas novelas de terror… como vosotros dos. Voy a por un café; cuando vuelvan a tomase esto en serio, avísenme.

Esteban se acercó a su joven compañero y puso la mano sobre su hombro.
-No te preocupes, Martínez… en el fondo, ella sabe que tenemos razón. Y yo he venido preparado…-dijo, abriendo el puño para mostrarle, en la palma de su mano, un par de relucientes balas de plata.


Última edición por Stateus el Lun Mayo 12, 2008 10:17 pm, editado 2 veces
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Capítulo 2: Cameri

Mensaje  Stateus el Lun Mayo 12, 2008 9:27 pm

Abrió los ojos. A juzgar por la luz que entraba por la ventana, parecía que había dormido hasta tarde. Se levantó y buscó en el armario, dónde encontró una camisa blanca. Se la puso y cruzó el pasillo hacia la cocina, aún algo aturdida.

-Ho preparato caffè, volete una tazza?
-Eh…certo. Grazie, bello.

Mientras él se duchaba, Andrea terminó de vestirse deprisa, cogió sus cosas y cerró la puerta a su espalda. Ya en la calle, paró un taxi.

-Via Vincenzo Gueddo, per favore...

Subió pesadamente los tres pisos de escaleras y sintió un nudo en el estómago al encontrar abierta la puerta del apartamento.
-Cazzo! Quartiere di merda…
-Tranquila, inspectora Cameri, no le han robado, la portera ha sido tan amable de…
-¡¿Comisario?! ¿Qué demonios hace usted aquí?
-Siento la intromisión, de verdad… como ya le he dicho, su portera…
-¡Vieja bruja…! Me refería a qué hace usted aquí, en Florencia…
-Verá… necesitamos su ayuda, inspectora. Tenemos un caso realmente complicado entre manos…
-Aún me quedan seis meses de excedencia…
-Lo sé… lo sé perfectamente. He traído un dossier, déjame que le explique los detalles del caso antes de tomar una decisión. Por favor…

Nunca antes había escuchado al comisario Arbestain utilizar juntas esas dos palabras.
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